La protesta de Escalona (editorial de EL TIEMPO dedicado al maestro el 23 de marzo)

No hay quizás en Colombia otro compositor popular cuya música haya circulado tan profusamente como la de Rafael Escalona.

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Foto: Andrea Moreno

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No hay quizás en Colombia otro compositor popular cuya música haya circulado tan profusamente como la de Rafael Escalona. Su fama de juglar se inmortalizó en Cien años de soledad, y sus cantos se conocen en medio mundo, hasta el punto de que algunos países creen que ciertas canciones de Escalona son suyas, como ocurre en España con El pobre Migue.

 

Sobre la obra del maestro patillalero se han publicado libros, escrito tesis de grado y realizado teleseries y la Universidad de Caldas planea una obra de teatro musical. En cualquier país, un compositor que acumule tantos éxitos durante más de medio siglo, no solo es centro del aprecio general, sino que disfruta de una situación económica desahogada.

 

Lamentablemente, no ha sido así en el caso de Escalona, como no lo fue en el de Crescencio Salcedo y tantos otros cantores populares que murieron en la miseria. Aquejado por graves enfermedades, Escalona carece hoy de un patrimonio que le permita vivir en paz sus últimos años. Por el contrario, sobrelleva una onerosa deuda con la disquera a la que hipotecó hace años las utilidades de su música. Como le confesó a Yamid Amat en entrevista que publicamos el domingo, "no solo perdí mis canciones, sino que debo la mitad del préstamo".

 

Acabará de pagar la deuda en el 2024, "cuando ya esté bajo tierra".
Antes de que se impusiera el "sistemas de estrellas", que recompensa con justicia a los nuevos artistas, compositores y cantantes eran rehenes de las disqueras. Rara vez los cheques por regalías reflejaban la acogida de sus obras. Escalona, omnipresente en parrandas, fiestas, radio y discos, recibe apenas un millón de pesos trimestrales.

 

Las cosas han cambiado, pero no para él. El maestro explicó a un comentarista de EL TIEMPO la encrucijada: "El compositor se ve despojado de sus derechos al negociar con el productor fonográfico; la situación del mercado discográfico determina que no solo las grandes industrias se encuentran en crisis, sino que muchos autores y artistas se ven privados de su fuente principal de ingresos, y quedan atados a contratos celebrados años atrás en otras condiciones y realidades económicas".

 

En el revuelto mundo del disco, los compositores folclóricos -que carecen de manejadores y de equipos de abogados asesores- se convierten en las más débiles víctimas. Sin creadores geniales como Escalona, no existirían el vallenato, los intérpretes de vallenato ni la industria del vallenato. Es apenas justo recompensar su talento.

 

Por eso, desde estas columnas, haremos cuanto podamos para ayudar a remediar la aberrante situación suya y de muchos otros artistas que hoy son parte de la identidad nacional. 

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