Inés Gaviria se aleja de las fórmulas para hacer canciones

La cantante presenta el álbum 'Tantas Cosas', para el que buscó la inspiración en Los Angeles.

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Foto: vive.in

Tal como lo hizo ocho años atrás, cuando se mudó a Miami para cumplir un sueño, Inés Gaviria volvió a cambiar de ciudad, hace un año, a Los Ángeles, para buscar inspiración para su segundo disco. De la primera vez quedó la experiencia de tocar puertas y buscar un lugar como compositora. Después se hizo solista, con el disco A mi manera. Ahora, está estrenando el resultado de su incursión como coproductora de su álbum Tantas Cosas.

¿Por qué mudarse a Los Ángeles?

Pasaron tres años entre el primer disco y este.  Me dediqué a componer todo el año pasado. Fui a Los Ángeles a buscar ese sonido. El álbum pasado era bastante acústico, casi de cantautor, de muchas baladas. En este quería algo más alegre, más movido. Allí trabajé en equipo con el productor Sebastián Jácome, que empezó en la electrónica. Me pregunté, cómo quedaría mi música acústica combinada con esto y pasamos varios meses trabajando en las canciones.

¿Qué cambio hay en las letras?

Las letras del disco pasado tenían mucho de: 'yo, mujer autosuficiente, capaz, todopoderosa'. Bueno, tal vez todopoderosa no, sino más bien, hablaba de una mujer con actitud envalentonada de decir: 'Yo puedo'. Este disco es más calmado, más buena onda, relajado. Las letras son más sencillas, pero más sexies, hay un juego de palabras en las canciones.

¿Cómo fue el cambio de vida en Los Ángeles?

Me impresionó que había mucho entretenimiento en vivo. En Miami viven los compositores y productores, pero no tienes dónde tocar en vivo. En cambio en Los Ángeles siempre hay algo. La influencia que llega allá es mucho más mexicana. El sonido es más americano, más roquero.

¿Y fue fácil integrarse al circuito de la música?

Fue un reto. Si bien llevaba años componiendo en Estados Unidos (así comencé como compositora y corista), tuve que abrir puertas, ver quién estaba por ahí, jugármela. Era un reto chévere entrar a una dinámica, porque cuando llegué a Miami, fue tocando y tocando puertas. Y reviví eso. Trabajar con gente diferente tiene que reflejarse en la música.

¿Cómo encontró el sonido que quería?

Generalmente me siento con mi guitarra a estudiar. Luego se me ocurre algo. En las letras, mis amigas terminan siendo la inspiración. Hago canciones de desamor que no están inspiradas en mí. Hay una que se llama Cantando en un bar, es la única acústica del disco, que produje yo y fue la que definió el compacto. Al principio no sabía cómo arrancar, en Colombia sonaba el tropical pop, veía que las puertas se le cerraban al pop. Me pregunté si estaba en el camino correcto. De pronto apareció esta canción, dice: Qué importa lo que canto si lo siento de verdad. Lo que importa es cantar, no brillar.

¿Cómo llegó a esa conclusión?

Me imaginaba llegando a las disqueras y oyendo sugerencias: "Mira, hazle esto, ponle un poco más de rock aquí". Cuando entendí que debía hacer lo que quisiera, empecé a componer el disco. Cantando en un bar fue la primera canción, cuando dije: 'Voy a hacer el disco que se me dé la gana, no voy a buscar fórmulas'. Sé cómo hacer canciones de fórmula, compongo para otra gente. Pero este disco se llama Tantas cosas, porque si lo oyes de principio a fin, comienza con pop y termina con algo que es casi un jazz.

¿Por qué era tan importante no buscar fórmulas?

Porque sé de fórmulas. Un compositor tiene que meterse en los zapatos de otra persona. Mi canción más exitosa es Una nueva mujer, grabada por Olga Tañón, que ganó un Grammy. Buscábamos un merengue que fuera exitoso. En este caso, quería estar cerca de la fórmula sin ser formulero. El reto era hacer una música atractiva, comercial, sin repetir el disco pasado ni lo que estaba sonando.

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