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Un viaje de 60 años a pie por Colombia

El fotógrafo Andrés Hurtado descubre nuevos paisajes de ensueño en su más reciente libro, 'Caminando Colombia'.

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Foto: Cortesía Andrés Hurtado

Valle de los Cojines, en el Parque Nacional Natural El Cocuy.

El fotógrafo y excursionista Andrés Hurtado García tiene la extraña afición de perseguir el nacimiento de los ríos. A ese curioso magnetismo le debe su primera gran aventura, cuando apenas tenía 4 años. Sin darse cuenta, se fue siguiendo la ribera del río Quindío, en su tierra natal, y se extravió, lo que obligó no solo a sus padres sino a todas las autoridades del departamento a emprender una angustiosa búsqueda.

 


Hurtado es probablemente el colombiano (tal vez el único) que mejor conoce este país de increíbles paisajes ocultos. Más de 60 años lleva recorriendo los rincones más bellos e inhóspitos del país y cuyas imágenes ha plasmado en sus libros de gran formato. Fue él quien le descubrió a Colombia el impactante Caño Cristales, el río rojo ubicado en La Macarena y que se ha convertido en un gran atractivo turístico para propios y extraños.

 


Para cerrar el año, Andrés Hurtado (Armenia, 1941) presenta un nuevo libro de gran formato, Caminando Colombia, patrocinado por la empresa Gran Colombia Gold y en el que descubre más joyas escondidas. Son cerca de 300 fotografías, de una selección inicial de 5.000.

 


A diferencia de sus trabajos anteriores, las imágenes de este libro contienen una carga narrativa que se acerca más a lo poético. “Aunque se describa el lugar, acá relato mis vivencias íntimas. Por eso este libro es más lírico”, anota el también columnista de este diario.

 


Fruto de sus ascensos solitarios en lugares como el Parque Nacional de los Nevados, que él ayudó a crear en 1973, fueron saliendo estos relatos que invitan a reencontrarse con el ser interior.

 


“La soledad impregna al hombre, que es incapaz de soportarla. Yo quise someterme a esa prueba y acá la cuento. Al final, encontré la paz, la tranquilidad y aprendí a conocerme a mí mismo, que es lo que la gente no quiere. Vivimos dispersos porque nos tenemos pánico a nosotros mismos”, dice Hurtado.

 


‘Joyas’ únicas

 


Entre los lugares que presenta en esta oportunidad, se destacan las ceibas ‘barrigonas’ del cañón del Chicamocha, en Santander, que remiten a seres gigantes salidos de alguna leyenda nórdica, y el imponente cerro de Pajarito y el caño Mina, en el Guainía.

 


“Todo el mundo habla del cañón del Chicamocha, y sólo conocen el paso de Pescadero y ahora el nuevo parque turístico. Pero bien adentro, con 40 grados de calor, están esos ‘barrigones’ con formas espectaculares”, explica el autor.

 

La mejor época para visitar esta zona, dice, es en diciembre, cuando están florecidos.

 

Del departamento del Guainía, Hurtado seleccionó el mágico cerro Pajarito, de granito negro oxidado y perteneciente a la cadena montañosa que se extiende por Venezuela hasta Guayana. El efecto que produce la luz con el agua que cae del cerro cuando llueve les da un aire plateado a los canales de hasta un metro de profundidad, formados a lo largo de millones de años.

 


La pasión andariega, cuenta Hurtado, le viene de su padre, un arriero antioqueño, del que se enorgullece. “Él nos contaba, después de que rezábamos el Rosario en la casa, sus historias de las mulas desbocadas, de las muchachas bonitas en las fondas, de los tigres, de las culebras, de las tempestades, y a mí eso me llenó la cabeza”.

 


“Mi mamá me decía: mijito, cuando salga el arcoíris persígalo porque se traga a las personas en su contacto con la tierra”, recuerda Hurtado de su mamá, una campesina del Tolima dueña de una gran sabiduría popular que también lo marcó. Hurtado recuerda igualmente la cantidad de veces que su vida ha estado en peligro por cuenta de ese espíritu aventurero. En 1982, por ejemplo, se cayó en el fondo de una veta de hielo, en el nevado del Ruiz, y permaneció tres días a 70 metros de profundidad con la pierna fracturada hasta que lograron rescatarlo.

 


Para cada momento y suceso de su vida, este andariego también del planeta –perdió la cuenta de los países que ha visitado– tiene un refrán y una anécdota a flor de boca, pues además es un contador de historias nato.

 

“Yo digo que le agradezco a mi mamá que no me dijo el dicho de que al final del arcoíris había una olla de oro. Si eso hubiera pasado, hoy estaría dirigiendo el grupo empresarial AHG (Andrés Hurtado García) , desde Nueva York, y no sería feliz”, concluye con una sonrisa.

Publicado el
02 de diciembre de 2012

Carlos Restrepo
Redacción de Cultura y Entretenimiento
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