'No hay literatura latinoamericana'

El escritor mexicano Jorge Volpi visitó Bogotá y habló con EL TIEMPO.

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Foto: Federico Ríos/EL TIEMPO

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En su libro más reciente, 'El insomnio de Bolívar', ensayo ganador del Premio Debate - Casa de América, el escritor mexicano Jorge Volpi reflexiona sobre el proyecto continental en el que algún día soñó el Libertador.

En una época -comenta Volpi- en la que "no existe un deber ser crítico en América Latina", como ocurría con los escritores del 'boom', el escritor se aleja, por un instante, de la ficción literaria, para hacer cierta consideraciones políticas sobre la situación de la región.

Además, aprovecha para reflexionar sobre el futuro de la literatura latinoamericana y los nuevos estilos narrativos.

En su trilogía sobre el siglo XX, las utopías como la socialista o la científica son protagonistas y en este nuevo libro usted aventura la anhelada unión latinoamericana. ¿No es ésta otra utopía?

En efecto es una utopía, que como cualquier otra, ha sido irrealizable. El sueño bolivariano ha terminado por ser casi lo contrario, a lo largo de estos dos últimos siglos de divisiones y conflictos entre los países. Y sobre todo de un enorme desconocimiento de una población a otra. Sin embargo, creo que el futuro de esta región debería estar en un plano utópico de unir a todo el continente. No solamente a América Latina, sino a toda América, borrando las fronteras, en una situación de igualdad que pudiera asemejarse a la Unión Europea. Sé que es un planteamiento todavía muy difícil de concretar, pasarán muchos años antes de que terminen todos los impedimentos que van desde los rencores directos de un país hacia otro, los conflictos territoriales, el nacionalismo que sigue siendo muy poderoso en algunos sitios, la desigualdad entre unos y otros, pero creo que si podemos imaginar un futuro brillante del continente, sería así.

¿Tiene que ver algo 'El insomnio de Bolívar' con algunos líderes latinoamericanos que andan repitiendo su nombre a diestra y siniestra y se consideran su reencarnación?

Claro. Creo que uno de los problemas de nuestra época es la utilización que se hace constantemente de Bolívar. Hugo Chávez no se cansa de repetir su nombre como si fuera un mantra. Y al mismo tiempo, su propuesta no es tanto de integración regional como de influencia de un solo país (Venezuela) en una buena cantidad de países con recursos mucho más limitados.

Usted ha comentado en varios foros que la literatura latinoamericana no tiene futuro. ¿Por qué una afirmación tan rotunda?

Esa es una afirmación polémica que se refiera, sobre todo, a esa idea que he repetido varias veces de que ya no existe la literatura latinoamericana como un 'corpus' reconocido, fuera de ser el campo de estudio de unos cuantos académicos en todo el mundo. No hay nada que ligue, directamente, a escritores de una parte del continente con escritores de otra. O sería una unión tan arbitraria como hablar de escritores del mediterráneo, del Medio Oriente, del África Subsahariana, en donde solo por razones de clasificación académica sirven, pero ya no dice mucho de lo que verdaderamente está pasando. Creo que hasta Roberto Bolaño, que es un ejemplo claro, había la intención en esta generación de escritores de referirse a una tradición latinoamericana. De conocerla, de apreciarla y de revelarse frente a ella. Pero me parece que, prácticamente, eso ha desaparecido en los escritores de mi generación y los más jóvenes. Los modelos ya no son, necesariamente, latinoamericanos. Ya ni siquiera la lengua española es motivo de unión, como se vio aquí en Bogotá 39. Hubo invitados dos escritores, que consideramos latinoamericanos, pero que escriben en inglés. Entonces no es tanto decir como que no tiene futuro la literatura latinoamericana, como decir que esta literatura ya no existe. Pero existen escritores valiosísimos también en estos países y hay que también dejarlo claro y espero que quede patente en el libro.

¿Qué nuevos temas y narrativas percibe usted entre los escritores jóvenes latinoamericanos?

En primer lugar una gran indiferencia ante la política y el compromiso. Esa vieja idea del 'boom' creo que ya se ha extinguido, casi, por completo. Los escritores, también, gozan de una libertad que no tenían anteriormente. Es una época en la que no existe un deber ser crítico en América Latina. Han desaparecido buena parte de los críticos sobre los medios influyentes. Esto provoca que haya una mayor libertad, pero también, una mayor indiferencia frente a lo que hacen estos nuevos escritores latinoamericanos, que ya no tienen temas específicos, que ya no tienen rasgos reconocibles. Comparten muy pocas cosas en común, excepto las que podrían compartir con cualquier escritor del mundo. Sin embargo, claro, se siguen presentando algunos temas ligados a la realidad propia de nuestros países. Quizás, el más claro, es el tema del narcotráfico y la violencia, que México y Colombia comparten como ningún otro.

Usted ha comentado que quisiera reducir el lenguaje al mínimo, que le molesta la vastedad del idioma...

No sé si se trata de etapas o de momentos distintos de un escritor. En mi caso, después de una trilogía como la que escribí, de novelas amplísimas con una enorme cantidad de personajes, discursos, géneros, en los últimos dos años he tratado de aprender a escribir de nuevo de maneras distintas, aún si las obsesiones se mantienen. Y eso ocurre, sobre todo, en El jardín devastado, mi libro de ficción anterior, que mezcla ensayo, diario y autobiografía; y ahora con mi nueva novela Oscuro, bosque oscuro, que es una novela escrita en lo que yo llamo prosa cortada, pero que no podría decir que es una novela escrita en verso. Es una experimentación formal ligada a un tema que para mí sigue siendo obsesivo: que es la Segunda Guerra Mundial.

¿Es Volpi un científico extraviado en la literatura o un literato con nostalgia de ciencia?

Creo que las dos cosas. A mí me interesa mucho la ciencia, hubiera querido ser científico. Ahora estoy dando mi curso en la Universidad Nacional de México sobre ciencia y literatura, así que sigo en medio de las dos cosas. Lamentablemente no soy un científico, sino un escritor que tiene nostalgia de la ciencia.

El insomnio de Bolívar
Jorge Volpi
Debate

Publicado el 28 de agosto de 2009
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