El poeta dará un recital el próximo 21 de agosto en la Casa de Poesía Silva, entre otros lugares
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La poesía de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939) es una de las más finas e impecables de la lengua. Suena a salmo o canción de encantamiento y tras su velo silábico acecha una enseñanza de la vida, alguna moraleja.
Recientemente galardonado con el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y considerado por muchos uno de los mejores poetas mexicanos, Pacheco puede ser también el gran fabulista de nuestro tiempo. Los animales y las plantas y los fenómenos de la naturaleza son para él fuente de alegorías y testimonios del ciclo constante de la vida. Lo sugieren los mismos títulos de sus libros: 'Los elementos de la noche', 'El reposo del fuego', 'No me preguntes cómo pasa el tiempo', 'Miro la tierra', 'El silencio de la luna', 'Los trabajos del mar', compilados ya en varias antologías, y hasta un 'Álbum de zoología' ilustrado por el pintor mexicano Francisco Toledo.
Los buenos poetas se distinguen cuando quieren competir en belleza con los textos religiosos o sagrados. Sólo que no para ser autoritarios (o tiránicos) al insistir que su palabra es la de Dios. O al menos no en el caso de José Emilio Pacheco, quien al contrario acepta en su estremecedor poema 'Prehistoria' que hemos creado a Dios con el lenguaje y que si a veces despreciamos y huimos de las mujeres es por temor a su poder infinito. "Eva o Lilit: no lamentes mi triunfo. / Al vencerte me he derrotado".
Otro de sus poemas más subyugantes, a propósito de los patrioterismos de nuestros días, se titula 'Alta traición' y arranca con una fina insinuación de lo que debería ser el perfecto nacionalismo: "Yo no amo a mi patria / su fulgor abstracto es inasible / pero aunque suene mal / daría mi vida por diez lugares suyos, / cierta gente / puertos, bosques de pinos, / fortalezas...".
Encuentro con Pacheco
Hablando de patrias, hace unos días tuve la fortuna de visitar en Ciudad de México a José Emilio Pacheco. Al entrar a su casa, lo felicité por el Premio Reina Sofía. "No te imaginas en qué condiciones estoy", me dijo como si lo aquejara alguna enfermedad. "Los periodistas me tienen abrumado; el teléfono no para de sonar; dicen considerarme el "mejor poeta" pero pocos o ninguno ha leído mis libros. Claro", me recalcó mejorando de humor: "...como el premio viene de España y de los reyes...".
Una sonrisa iluminó su rostro, prendió un cigarrillo y pasamos a otro estrado de la conversación. Le pregunto sobre su labor de traductor, y me contesta que pese a cuarenta años en el oficio aún no cree dominar el inglés. "Las lenguas son sinuosas; parecen infinitas; pero el intercambio lingüístico será siempre invaluable".
De su visita a Colombia, espera traerse varios libros de nuestros escritores (está interesado en Germán Espinosa y Juan Manuel Roca), ya que a menudo las editoriales no se encargan de distribuir sus libros por todo el ámbito hispánico. Pacheco confía en que la literatura es esencial para fortalecer nuestra imagen del mundo. "Siempre deberíamos comunicar nuestras impresiones, aún advirtiendo que no siempre puedan ser ciertas". De ahí que su poesía huya de ortodoxias y sea, ya lo comprobaran los nuevos lectores, desafiantemente bella.
Poemas de Pacheco
ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques, desiertos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas - y tres o cuatro ríos.
EL LIBRO
Lo compré hace muchos años. Pospuse la lectura
para un momento que no llegó jamás. Moriré sin
haberlo leído. Y en sus páginas estaba el secreto
y la clave.
MODA
La moda pasa de moda.
La desnudez sigue intacta
como al principio del mundo.
PONT D¿AUSTERLITZ
Hay legiones de estrellas sobre París esta noche.
El Sena las recoge y las disuelve en el tiempo
que es el fluir. Y como su brillo
desciende a la velocidad de la luz
pero desde impensables distancias,
dos cuando menos
emiten como nunca su resplandor sobre el río
desde la noche aquella de hace veinte años.
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