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La historia del circo que soñó una inglesa se hizo realidad en Cali

Felicity Simpson, una británica que creó junto a Héctor Fabio Cobo El Circo para Todos, acaba de recibir el mejor regalo de su carrera sin estar en un trapecio o montar un monociclo.

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"Les dimos la medalla de bronce" será por mucho tiempo una frase con la que la artista circense Felicity Simpson dibujará una sonrisa de emoción. Esas palabras, que le susurró hace unos días un representante del Cirque du Soleil durante el Festival Mondial du Cirque de Demain (París), fueron como un choque eléctrico para la británica, aunque el premio no era para ella.

Simpson se mordió los labios y contuvo con fuerza sus ganas de gritar. "No debiste decirme eso", respondió asustada en voz baja, mientras trataba de no perder la presentación de un grupo de seis caleños que volaban por los aires al ritmo de un reguetón.

Ellos, pertenecientes a la Escuela Circo para Todos, de Cali, no sabían lo que acababan de ganar en uno de los festivales circenses más importantes del mundo, que se celebra cada año en la carpa Cirque Phénix de la capital francesa.

Pero su mentora, esta rubia de 50 años que creció como ellos entre carpas y acrobacias imposibles y que veinte años atrás se presentó en ese escenario, pudo respirar tranquila. Su sueño de crear un colectivo artístico dirigido a jóvenes de bajos recursos, ya era reconocido por los mejores cirqueros del mundo.


En ese momento le vino a la memoria la imagen de Héctor Fabio Cobo, el actor y acróbata de Buga (Valle) que fue su cómplice en el escenario y con el que soñó lo que sería la Escuela Circo para Todos.

Se conocieron en París y trabajaron durante cinco años.
"Montamos un tango. Yo estaba en el monociclo alto y él en unos zancos gigantescos en una danza que tenía un poco de pasión, venganza y acción", recuerda Simpson.

Ambos viajaron por todo el mundo bailando y aprovechando el poco tiempo libre y los ratos de espera en los camerinos para afinar detalles del proyecto, que se aplicó en Colombia, después de un viaje de vacaciones a Buga en el que tomaron la decisión de arriesgarse con su idea.

"Yo ya había tenido experiencia dictando talleres con niños en Brasil, pero siempre eran cursos que se acababan y necesitábamos convertirlos en un proyecto a largo plazo", recuerda. En 1995, todo cambió. Junto a tres profesores de Marruecos y una francesa, Simpson organizó la primera clase de educación circense en el Distrito de Aguablanca, una de las zonas más deprimidas de Cali.

"Los colombianos son unos berracos, se entregan con todo a las  oportunidades y tienen un talento impresionante. En ese momento pensábamos trabajar con unos 15 chicos y llegaron como 30. Nosotros comenzamos en un galpón en el centro y luego logramos un espacio en el Parque del Amor (ubicado en el norte de la capital vallecaucana), en los 9.800 metros cuadrados mejor usados de la ciudad", afirma riéndose.

En esa zona se encuentra una carpa gigantesca en medio de un camino de grava que conduce a un escenario principal por el que ya han pasado más de 350 jóvenes en siete promociones,  muchos con el mismo sueño de los seis que representaron a Colombia en el Festival de París.

"Este es el proyecto más grande de mi vida, porque en el mundo del circo uno no puede hacer cosas a medias, uno no se aferra al trapecio con una mano, se tiene que tirar y agarrarse con ambas para no caerse", dice la mujer que a los 16 años escapó de un futuro signado por el teatro o la ópera y se refugió en París para dejarse llevar por el mundo del circo.

Ha mantenido ese principio en las buenas y en las malas. Como cuando la muerte se llevó a Cobo, en diciembre de 2001, en momentos en que se graduaba la primera promoción de la escuela. "Eso fue muy duro para todos, pero nos sirvió para seguir adelante".

El tesón se mantuvo en todo el equipo. "Lo que pasó en París nos enseña que hay seguir pensando en grande. Cuando esto comenzó ni siquiera imaginábamos que llegaríamos a este punto", opina el profesor cubano Rodolfo Rodríguez, quien junto a su colega Fernando Rosado ha trabajado con los muchachos en las acrobacias y coreografías.
 

"Yo nunca dejé de creer que teníamos el nivel para enfrentarnos a cualquier grupo. Imagínese que países tan fuertes como Inglaterra, Japón o Dinamarca no lograron pasar las pruebas, mientras nosotros nos codeamos con los mejores del mundo", afirma Simpson. 

El Festival Mondial du Cirque de Demain es uno de los referentes más fuertes para las compañías y artistas de ese medio, junto al de Montecarlo, en el principado de Mónaco.

"Es como los Olímpicos del circo y nosotros ganamos ahí", insiste. Pero más allá de la emoción, es un encuentro con 32 años de historia que reúne agrupaciones de los cinco continentes.

Aunque la palabra descanso no parece tener mucho protagonismo en la mente de Felicity Simpson, ahora ella está dándose una pausa en Nimes (sur de Francia).

Pero no deja de estar pendiente de sus muchachos en Cali y algunos de los egresados que trabajan en espectáculos en Alemania, Croacia y hasta India a través de su empresa Circolombia (con oficina en Londres) desde donde coordina su contratación.

Entre marzo y abril planea regresar a Cali. Ahora le esperan otros festivales en Moscú y Alemania. 

"Yo prefiero mil veces el sabor del circo latino que el del europeo. Me gusta porque no es tan frío y es un reto en el que los chicos están trabajando tranquilos mientras nosotros nos comemos las uñas, pero seguimos", finaliza la mujer a la que una lesión en la rodilla no la alejó del monociclo pero la acercó más al circo.

Un circo que cambia vidas

La Escuela Circo para Todos, es un proyecto de formación circense que se ha aplicado a los sectores de bajos recursos en Cali. Ofrece un curso de cuatro años en el que los niños aprenden acrobacia, equilibrio, trapecio y malabares, entre otros. Cuentan con apoyo europeo y del gobierno municipal.

Aunque hacen algunos espectáculos para recoger fondos y trabajan con el show musical de salsa Delirio, Simpson reconoce que el espíritu del proyecto es educativo y no se puede interferir con el programa pedagógico.

De todos modos, en el mundo ya se habla de Circo para Todos. Tanto, que unos diez egresados del colectivo, están trabajando en parques como el Marineland de Francia, la compañía  Wintergarten Varieté, de Alemania o el circo Ringling Brothers, uno de los más importantes de Estados Unidos.

Gracias al premio en el Festival Mondial du Cirque de Demain, con el espectáculo llamado Banquina, Joinner Alberto Barreiro Murillo, Jonathan Mauricio Bonilla, Humberto Leonardo Palacios Mosquera, Jorge Humberto Arboleda Ortiz, ya tienen un contrato con Franco Dragón,antiguo director del reconocido  Cirque du Soleil de Bélgica.  
No es la primera vez que el grupo llama la atención en París. El año pasado, José Henry Caicedo recibió un trofeo por una coreografía de equilibrio en un lazo de rebote. Era la primera vez que Colombia participaba del encuentro mundial.

Publicado el 8 de febrero de 2009
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