Cuando se abre el telón, el público ve al mago colombiano Juan Álvarez, en su camerino, minutos antes ante salir a escena. Al fondo se aprecia la puerta con una estrella que lleva su nombre y un espejo rodeado de pequeños bombillos. Juan está en medias y aprovecha para lustrar sus botas y tomar algo. Entonces aparece de la nada una taza de té que flota en el aire, a la que agrega azúcar que sale mágicamente de su mano.
Una voz le avisa que faltan dos minutos para salir a escena. Con un chasquido de dedos, el mago hace aparecer las botas en sus pies y su chaqueta en los hombros.
Con este espectáculo musical de diez minutos, que está producido en inglés y español, el joven bogotano de 21 años acaba de ser nominado en la categoría 'revelación mágica' de la cuarta versión de los Premios Magia, que se entregan a mediados del año en Argentina.
Desde que tenía 8 años, Álvarez tuvo claro que su vida sería la magia, luego de que sus abuelos le regalaron una caja mágica traída de Europa. "A los 9 años, busqué en el directorio telefónico en la categoría Magos y encontré a Gustavo Lorgia. Él me remitió a José Simhon, quien, a su vez, me recomendó llamar a la Escuela de Artes Mágicas de Bogotá, dirigida por el mago Richard Sarmiento".
Fue así como logró convencer a su mamá para que lo matriculara. "Haciendo un paralelo, para mi entrar a ese sitio fue como ingresar al Castillo de Hogwarts, de Harry Potter. Ahí me cambió la vida", recuerda Álvarez, quien estudiaba todos los miércoles y jueves por las tardes, cuando en lugar de tomar la ruta a su casa, sabía que debía montarse en "la ruta de la Escuela de Magia".
Su adolescencia pasó lejos de las fiestas, pues se graduó de mago a los 13 años. "No fui muy rumbero porque los viernes yo tenía que alistar el show de los sábados -recuerda-. De los 13 a los 17 años me presentaba en fiestas de niños, primeras comuniones y el colegio. Y esa plata la invertía en tener un buen equipo de magia".
Cuando se graduó del colegio viajó a Las Vegas (meca de la magia) con la excusa de perfeccionar su inglés. Pero su verdadero interés era conocer a los grandes magos y convencerse de que eso era lo suyo. Allí tuvo la oportunidad de conocer a David Copperfield, Lance Burton, al mexicano Joaquín Ayala (asesor de Criss Angel) y de ver los espectáculos mágicos del 'Cirque du Soleil'.
Cosechando premios
Luego viajó a Buenos Aires (la meca latinoamericana de la magia), en donde está complementando sus estudios en esa área, con la carrera de Diseño de Espectáculos, en la Universidad de Palermo, que ya está finalizando.
Allí ha tenido la oportunidad de estudiar con los magos Daniel Raley y su hijo Gustavo, con quien se ha presentado en varios teatros de ese país, como mago invitado con su espectáculo del camerino. Con este número también obtuvo el segundo puesto el año pasado en los congresos 'Magic on the Beach', de Miami, y el 'Inca Magic', de Perú.
"Un mago tiene que ser un artista, una persona con carisma, tiene que saber sorprender y, si se decidió por esta profesión, tiene que ser mago siempre. Nunca perder el niño interior ni dejar que se apague la chispa", dice con convicción.
Por eso, no para de sorprender a todo el que puede. Como cuando llegan a su casa los domicilios, a los que en el momento de pagarles les rompe el billete y se los aparece, nuevamente, en perfecto estado, o les saca de la nada las monedas de la propina.
Aunque piensa regresar a Colombia para seguir con la magia, su meta es Estados Unidos. "Yo quiero ser en la magia lo que es Juanes en la música, Gabriel García Márquez en la literatura o Camilo Villegas en el golf", concluye.
Se puede votar por el mago colombianos en la página www.premiosmagia.com
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