Bogotá ya no es imaginable sin su festival de teatro y este evento no existiría sin el alma de plumas y el nervio de acero de Fanny Mikey, quien inició en 1988 una performance que a lo largo de 20 años y 11 actos no ha hecho sino crecer en calidad, diversidad y participación.
La tenacidad de Fanny ha hecho posible que en los teatros, plazas, calles y auditorios bogotanos se vean las más brillantes estrellas y compañías escénicas de Colombia y el mundo, que con sus actuaciones han traído deleite, entretenimiento y formación a un público que asiste religiosamente a la cita que cada dos años tiene en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB), convertido gracias a esa traviesa pelirroja en la mejor combinación de todas las formas de locha.
No en vano en sus dos décadas este evento se ha convertido en uno de los más destacados acontecimientos culturales del país, y uno de los más importantes de su género en el mundo, sin nada que envidiarle a las grandes capitales del arte de Europa o América.
De hecho, se podría decir que la gran transformación de Bogotá no empezó con la Alcaldía de Mockus, sino que tiene sus raíces en el FITB, que es la mejor muestra del concepto de 'cultura ciudadana', que tanto nos predicó Antanas y que tanto predicó Fanny.
Gracias, Fanny; como dicen en tu Argentina natal: ¡sos grande!
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