Opinión/ 'La sangre y la lluvia' desapasionadamente

El crítico de cine Orlando Mora comenta la ópera prima de Jorge Navas, que ya está en cartelera.

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video: La Sangre y la Lluvia

Estreno el 30 de octubre del 2009

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Por segunda vez en este año una película colombiana llega a la cartelera comercial con el aval de su previa participación en un festival de primera categoría. La sangre y lluvia repitió en Venecia lo que antes había ocurrido con Los viajes del viento en  Cannes, en una coincidencia que habla bien de lo que sucede actualmente con el cine nacional.

Los antecedentes del director Jorge Navas, en particular su magnífico  cortometraje Alguien mató algo,  daban para esperar un filme de características especiales e inscrito  en la línea de lo que suele llamarse cine de autor, con un proyecto largamente  preparado y  sometido a constantes   revisiones y reelaboraciones.

Hay cosas notables en esta ópera prima de Navas. La trama, que transcurre en  escasas seis horas de la noche bogotana, supuso un desafío y un  esfuerzo especial en cuanto a la fotografía, reto del que el filme sale bien librado, en una película que  puede considerarse como  la  más nocturna de toda la historia del cine nacional. Lo segundo es la habilidad narrativa que enseña el director y que se torna más visible en la parte final de la obra. Los últimos treinta o cuarenta minutos de La sangre y la lluvia son un ejercicio narrativo espléndido y suficientes para explicar  el  interés que seguramente sintieron los seleccionadores de la muestra de Venecia.

La fuerza de ese segunda parte de la obra  contrasta con la fragilidad del inicio, que deja  dudas sobre la pertinencia de la presentación y caracterización de los dos protagonistas. Falla el planteamiento en cuanto dibuja personajes con trazos que no se  corresponden con lo que la historia va a proponer  más adelante.

El protagonista  de Jorge luce vacilante, indefinido y la relación con el hermano asesinado no cuaja en el grado necesario para tocar las fibras del espectador. En Ángela, soberbiamente interpretada por Gloria Montoya, lo que molesta son los excesos en  el retrato de la joven, con una escena de sexo absolutamente inútil y que nada aporta a la evolución  posterior del argumento. La sangre y la lluvia es un filme sombrío, oscuro,  con un relato que no brinda salidas ni permite que se cuele una sola luz de esperanza; una especie de   terrible pesadilla  acerca de la  violencia de la vida urbana en el país y de la casi  imposibilidad de escapar a su cerco mortal.

Publicado el 5 de noviembre de 2009
HERRAMIENTAS

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