'Mi objetivo era hacer una película divertida y taquillera'

La cinta colombiana 'El arriero' es protagonizada por Julián Díaz, María Cecilia Sánchez y Paula Castaño. Entrevista con su director, Guillermo Calle.

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Foto: Archivo particular

A los 59 años, Guillermo Calle dirige su primera película. Lleva 30 años haciendo cine y televisión, pero solo hasta hace cuatro, después de ser productor, guionista y director de telenovelas, series y comedias, se lanzó al largometraje. Quería hacer una película que tuviera una "perspectiva internacional", por eso escogió llevar al cine un relato de Alfredo Molano que transcurre entre Bogotá y Madrid. Trata sobre un arriero de mulas humanas a quien delatan su esposa y su amante.

El relato de Molano no tiene el tono de farsa de esta película. ¿Por qué se lo cambió?
Los temas del narcotráfico y de las mulas humanas son muy duros y les duelen a los colombianos. Escogí el humor y la ironía con el ánimo de suavizar un poco a nuestro personaje. Quería que Ancízar López (el protagonista) no fuera odiado, sino que la gente se solidarizara con él. Sin embargo, no me separo del tono de Molano. Inclusive, casi todas las voces en off de la película son tomadas de su libro. La intención era, básicamente, asumir lo de las mulas humanas con cierta ligereza que nos permitiera entrarle mejor al espectador.

¿Cómo es lo de 'solidarizarse con el personaje'?
Que no lo rechazaran, que no les pareciera un miserable. Cuando uno ve María llena eres de gracia, los tipos que le hacen tragar la droga son totalmente deleznables y espantosos. Era un riesgo que eso pudiera pasar con Ancízar. Por eso decidí hacerlo con ese tono y con música ligera. La historia de Molano la pasé de Bogotá a Barranquilla para darle color, mar, sabor y personajes costeños. En Bogotá me parecía que la cosa era demasiado gris. No me gustaba el contraste entre Bogotá y Madrid.

¿Es una mirada 'light' del narcotráfico y del fenómeno de las mulas?
No lo creo. Es más bien irónica. No sé qué sería light porque es muy difícil que un tema así lo sea. Este es un tipo que le mete 60 pepas en la barriga a una persona.

Se han hecho varias películas sobre narcotráfico. ¿Qué le aporta 'El arriero' al tema?
La gente está aburrida del tema, es un sentir masivo, pero me fui contra él. El narcotráfico es un tema esencial en la vida colombiana y cada película tiene su historia. Puse, simplemente, unos personajes que no estuvieran en el terreno de la moralidad o de la inmoralidad, sino el de la amoralidad. Era la única manera como un espectador podría pasarse a un tipo tan miserable como Ancízar. Todos los personajes están en el terreno de la animalidad. Nunca pretendí hacer un tratado o aportarle al conflictivo tema del narcotráfico un desarrollo antropológico o sociológico. Mi objetivo era hacer una película divertida y taquillera. Nunca pretendí hacer cine de autor, sino comercial.

¿Qué retos y dificultades le impuso filmar en España? Queremos buscar el mercado español y el latino de Estados Unidos. Y no solo que la película se consuma en el mercado colombiano. Esa es la razón por la cual escogí ese relato de Molano. Filmar en España es, más que difícil, caro. Un extra vale cien euros al día. Cualquier locación te cuesta 4 mil euros. Había unas escenas en el metro de Madrid que no pudimos filmar porque la hora costaba 9 mil euros.

El protagonista era Manuel José Chaves y ahora es Julián Díaz. ¿Qué pasó?
Trabajé un año con Manuel José. Me parecía que tenía las condiciones para ser Ancízar López. Pero cuando aprobaron el proyecto en la junta directiva de RCN me dijeron que no sentían a Manuel José Chaves como Ancízar. Le hicimos unas pruebas más a fondo y nos daba un Ancízar muy dramático. Nunca pude sacarlo de ahí. Revisando el casting, vi que Julián estaba haciendo un personaje secundario. Alguien me dijo: "¿Por qué no lo pone negro?" Inmediatamente pensé en Julián. Le hicimos pruebas y funcionó buenísimo.

¿Las escenas de cama responden a su intención comercial? No, a las necesidades eróticas de Ancízar López. Pero el erotismo de la película es pacato y pendejón. Desde el guión quise quitarle muchas escenas de esas, pero no me daba para que la historia siguiera avanzando. En realidad no son muchas escenas, son seis.

Publicado el 3 de marzo del 2009
PAOLA VILLAMARÍN
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