25 de junio -

Comenzó en Valledupar rodaje de 'Los viajes del viento', nueva cinta de Ciro Guerra

La Plaza Alfonso López hace el papel de sí misma en la película del director cesarense, pero 40 años atrás -durante el Primer Festival Vallenato.

Una imagen resume la historia: un juglar maduro viaja a lomo de burro con el acordeón del que va a despedirse, para no tocar más, a su espalda. Lo sigue un muchacho por lugares que van desde el Magdalena hasta la Alta Guajira. La pareja, interpretada por Marciano Martínez y Yull Nuñez, repitió muchas veces, el domingo por la mañana, la escena de su llegada a la Plaza y su encuentro con Hernando Molina Maestre: El actor que encarna a Molina va hacia ellos y les pregunta si participarán en el Festival. Marciano -que en la cinta es Ignacio Carrillo- pone cara de duda y se corta la grabación.

Desde lejos, Guillermo Cuello, actor de una escena grabada antes, observaba las repeticiones. "Mi personaje no tiene nombre ?dijo-. 'Amigo de Hernando Molina', ese es mi papel". Lo filmaron sentado, departiendo, sin decir una palabra. Y para eso estaba desde las 5 de la mañana y se quedaría en la plaza el resto del día. 

Entretanto, en otro extremo de la Plaza, de un camión de Servientrega bajaban el vestuario de la época. Vestuaristas buscaban entre largos percheros el vestido que le iba mejor a cada extra. Un niño pasaba mostrando que le sobraba medio pantalón. Una peinadora le preguntaba a la madre de una niña si podía cortarle el capul. Una maquilladora se guiaba por las fotos de viejas revistas de los 60 que pegó en la pared. 

Era el preámbulo de la escena de carnaval que grabaron por la tarde, primero con extras. Marciano Martínez esperaba la llamada a escena cuando habló con nosotros. Es un compositor vallenato que se define como un campesino más de La Junta, cuya vida gira en torno al acordeón. Llegó a la película un día en que se encontró a un amigo que lo empujó a inscribirse porque se había convencido, por las características del protagonista, de que Marciano era el tipo.

Martínez, que fue embolador, vendedor de lotería y machetero, se inscribió por cortesía con su amigo. Y su cara gustó para ser actor. "Es atractivo físicamente -diría después Ciro Guerra-.Lo comparo con un Tommy Lee Jones. Es magnético y tiene una historia similar a la del personaje". 

Marciano hizo muchas pruebas, desde simular montar en burro hasta contar su historia. Descubrieron que, como su personaje, ya no toca acordeón (perdió la movilidad en dos dedos). Lo pusieron en manos de Juan Pablo Félix, el que descubrió a Catalina Sandino en María, llena eres de gracia, que lo preparó todo el año para actuar en cine. 

"Les advertí que tengo un temperamento del carajo", se sinceró Marciano, autor de canciones como Amarte más no pude, grabada por Diomedes Díaz. Ya renunció una vez, antes de comenzar. "Les dije: No soy el que buscan ?recordó-. Porque querían gente que conociera nuestra idiosincrasia e iban a meter cosas que no. Los músicos llevaban vestido entero, eran gente coqueta, bien motilada y querían mostrar al personaje como si fuera un tipo que salió del monte, que parece un animal que lo soltaron".

Pero ganó esa batalla y se quedó en la película. Al fin y al cabo, Ciro Guerra, trabaja con gente de la región para serle fiel al sentir del sabanero, del vallenato y del guajiro. Atrás, los niños peinados por la mañana, volvían blancos de harina a las maquilladoras que les limpiaban la cara antes de repetir otra toma del carnaval. Y el burro -que en la cinta se llama Redentor- era llevado de un lado a otro por un extra que decía ser su "representante". "También soy actor -dijo orgulloso-. En la película soy 'Vaquero 1'".

Yull Nuñez, el coprotagonista de 18 años, esperaba también, en el patio de la casa donde la producción escondió los postes modernos que señalan las calles que rodean la Plaza. Llegó a la cinta un día, hace más de un año, en que iba a tocar una serenata y por el camino se topó con la fila de aspirantes actores. Tropezó con Juan Pablo Félix, que le pidió el favor de conseguirle unos cigarrillos y al verlo descubrió en él la mirada de un actor. 

Inquieto, travieso y deslumbrado por la nueva experiencia, Nuñez define a su personaje como un muchacho que cree que lo sabe todo y en realidad no sabe nada. Alterna el relato de sus anécdotas con los besos a su novia, una joven de 24 años que fue parte de la producción. "Nos enamoramos -dice ella-. Y me tocó escoger entre la película y el novio. Yo a él no lo suelto".

Llaman a los actores. Marciano se monta en el burro. Yull vuelve junto a él. En el fondo, el carnaval. Uno de los extras lleva horas acostado en el andén junto a una botella de Old Parr y se declara feliz por su aporte a la cultura. "Toma 33. Acción", dice alguien. El juglar y el joven van al encuentro del carnaval. El director pide repetición varias veces. Una asistente de producción retira a los mirones porque "se ven en el cuadro". Los actores y el burro vuelven al punto de partida. El carnaval también retrocede. El encargado de las luces advierte que la siguiente es definitiva, nadie la puede embarrar porque con el atardecer se va la luz. Los protagonistas y el burro avanzan, se encuentran con el carnaval otra vez y ocurre lo inesperado: Alguien grita: "Hay que repetirlo todo, porque el burro se cagó!"

CIRO GUERRA NO QUERÍA FARÁNDULA

El centro de operaciones del rodaje de Los viajes del viento, dirigida por Ciro Guerra (La sombra del caminante), fue por años la oficina del Festival Vallenato: el sótano de la Tarima Francisco El Hombre. Hace rato desmontaron de las paredes los retratos de los primeros 39 reyes acordeoneros y las fotos que adornan hoy la pared son de las caras de los actores principales de la cinta.

No son caras famosas. Guerra no quería farándula. "Quería retratar la fisonomía real de la región". Por eso, la foto que encabeza la pequeña galería es del compositor Marciano Martínez.

La primera idea del filme le llegó a la mente a Guerra en la inducción de primíparos, cuando empezó a estudiar cine. "Se paró un muchacho -recuerda el director- y empezó a decir: Me llamo Tal, tengo tantos años y odio el vallenato. Y la gente lo aplaudió". Desde entonces, quiso demostrar que la palabra vallenato va más allá de la "música comercial que se escucha en los buses y que genera prevención en las personas".

Vallenato es para él mitología. "Existen el imaginario norteamericano del western y el chino del género fantástico de artes marciales -dice- y hay uno muy rico en el vallenato". Basta recordar el duelo entre el Diablo y Francisco El Hombre, que retoma en la película, un elemento que se repite en culturas musicales como el blues, el country y el tango. Guerra rechaza el término "actores naturales". Prefiere decir: "actores de la región", porque sus protagonistas se prepararon durante un año, "más de lo que tienen muchos actores de televisión", dice. Lo decidió porque, como a muchos costeños, le molestan las producciones que para retratar la región emplean actores de fuera que imitan el acento y no sienten la cultura.
 
Su proyecto es ambicioso, lo sabe. Es una épica del Caribe con más de 100 personajes y "mil y pico de extras". Guerra se mudó a Valledupar hace más de un año, con la alegría de ver que a los 27 años rueda la película que creyó que solo podría hacer a los 80, porque hace diez años era una producción imposible para Colombia. Hoy hace realidad una coproducción con Alemania, Holanda y Argentina, apoyada por el Festival de Cannes y el de Berlín, pero con actores y colores del norte de Colombia.