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Momentos calientes del libro de Dania

Estas son las frases más sexuales de la prostituta que puso en jaque al Servicio Secreto.

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"Yo he sido una muchacha normal, he tirado con noviecitos en el asiento de atrás de un carro, lo he hecho borracha en un cine, en el baño de algún restaurante”.

 

 

“Una prepago sabe educar al hombre para que se venga o no se venga rápido, que no se le derrame, que la atienda en esta posición, en esta otra, de pie sin apoyarse, desde abajo, en formas raras, después en las rápidas, poniéndose ella en cuatro, como perrita, o él arriba y ella con las piernas bien altas, acariciándole con los pies la cabeza. ¿Y por qué van a decir que esto no debe cobrarse?”.

 

 

“No me gusta vestir muy sexy, aunque a veces visto sexy, y cuando visto así me paso. Me miro en el espejo y me admiro cuando me visto de esa forma. Pero lo normal es ser normal, mi natural, que seduce mucho. Claro que ya en la situación me pongo perra. Cuando llego a un punto me ubico, digo voy a hacer esto, y a partir de ahí actúo como una perra”.

 

 

“Lo que más me gusta ahí es sentir cuando al hombre el pipí se le empieza a poner duro. Me hace sentir mujer, me digo cómo le gusto, le inspiro morbo, lo hago excitar rápido”.

 

 

“Él cree que yo también estoy arrecha porque me toco y me sobo, pero nada, yo estoy como si nada en el mundo. Solo es lo que hago para que él sienta eso. Para mí es lo más normal que el tipo se arreche por mí, que se le pare conmigo, que me la quiera meter”.

 

 

“Yo siempre cargo bolitas chinas y juguetitos, como vibradores cositas, cremas lubricantes, condones con sabor, marihuana, ese es mi kit. Cuando estábamos ahí abro mi bolsa, y lo primero que vi fueron las bolitas chinas, que siempre me han gustado, tanto para mí como para hacerlas”.

 

 

“Estábamos prendidos con los tragos, habíamos tomado bastante vodka, pero no era que estuviéramos ebrios para caernos al piso. Y yo quería hacer desorden, soy una pelada extrovertida, me gustaba el hombre, y le dije que jugáramos con las bolitas chinas. Y él me dice que bueno. Pero antes le doy de fumar marihuana, creepy, cultivada en invernadero, que siempre les doy a mis clientes para que la pasen más rico. Y cuando está bien sueltito, le meto una bola china, dos bolitas chinas, que él ahí en la segunda empuja con su cuerpo buscando presionar mi mano para que entre la bolita. Pero la tercera bolita como que se arrepiente, y me dice que no quiere más bolitas. Y yo dejo de hacerle eso. Entonces tenemos sexo, normal, nada fuera de lo normal, ni sexo oral ni nada. Sexo normal, yo le apretaba mucho las nalgas cuando él estaba dentro”.

 

 

“Cuando lo que te encargan es que los desvirgues ya es más difícil, primera vez que tocan a una mujer, esos niñitos se enamoran. Yo jugaba, les mamaba gallo, es tu primera vez, tienes que tener calma, mira, te voy a ayudar para que se te para tu pajarito. Me vestía sexy, los estimulaba, les mostraba las tetas, el culo, todo, los trataba lindo, le ponía mucho erotismo. Y les hacía maldades, como tocarles el pipí, darle golpecitos, molestarlos, cosas así”.

 

 

“Los hombres necesitan liberar sus deseos, y si no tienen tiempo para esforzarse en conseguirlo seduciendo a una mujer, convenciéndola, o no lo tienen con la que está con ellos, lo compra a quien se le ofrezca”.

 

 

“Y le doy besitos en la boca, lo toco por aquí, comienzo a decirle cositas, para llegar al momento…Peor, porque nos acostamos y era tirando, tirando, y nada que acababa, y yo pensaba: Ay, Señor, sácame de esta, ya no quiero más, y el hombre nada que terminaba, y yo tenía que esperar a que se viniera para que todo quedara cerrado. Yo le decía: Ya, vente que me tengo que ir, ya tu tiempo se acabó, me da mucha pena”.

 

 

“Y es eso que nadie ha nacido sabiendo. Una lo va descubriendo, ve porno y aprende, dice: Ah, esta mujer hace esto, a los hombres les gusta eso, y una se la mete en la cabeza el morbo. Yo me metía mucho morbo en la cabeza, y ahí uno juega, eso es un juego en la cama”.

 

 

“Yo prefiero la intimidad, con un solo hombre, y ahí hago mil maravillas, pero cuando está el morbo de que queremos ver, pues cobro más. Me fumo un tabaco de marihuana para coger poder, para coger fuerza, y ahí me meto en el cuento, me lo creo y lo hago. Pero no me gusta besar a las mujeres en su chocho. Les beso las tetas, pero no abajo. Que me lo hagan a mì me gusta, que me besen, pero no hacerlo. Me gusta porque las mujeres conocemos los puntos débiles de nostras mismas, sabemos dónde es más rico, y por eso con una mujer es más rico hacer el amor que con un tipo”.

 

 

“Una vez un alto ejecutivo me dice que no quiere tener sexo, que quiere que le amarre las bolas, eso. Yo no tenía con qué amarrárselas, así que lo hice con los cordones de sus zapatos, muy duro, y eso le excitaba. Le di cachetadas, que me pidió y gemía, le gustaba”.

 

 

“A uno no se les paraba, pero mi hombrecito fue de los buenos, siempre tuvo su pipí parado, a él no se le bajó en ningún momento. Pero cuando se colocó encima de mí, juás, se vino enseguida”.

 

 

“El pubis me lo rasuro yo misma. Me gusta así, como bebé. Y a los hombres eso les excita. Les da morbo. A algunos hasta los pone raros…”.

 

 

“No recuerdo haber hecho una lluvia dorada, si lo hubiera hecho seguro lo recordaría, pero no me gustan esas cosas, aunque si me hubieran ofrecido plata por hacerlo hoy podría contar que se siente. Imagino que debe ser agradable, orinarle la cara a un tipo que te está pagando para que le hagas eso”.

 

 

“Un día que estaba con un cliente en Panamá, llamamos a una línea caliente. El hombre se puso a mil con eso. Colocó el teléfono en altavoz y yo escuchaba. Él reía, al principio me tocaba, pero después se sentó en un sillón al lado del teléfono y empezó a masturbarse”.

 

 

“Llego al apartamento, él cierra la puerta y me pregunta: ¿Tienes jugueticos? Le digo: Tengo, pero en mi casa, acá no…Me esposa a la cama, me echa un poco de arequipe en el cuerpo, y a lamerme, y yo riéndome al principio me parecía divertido, lo disfrutaba…Entonces saca un vibrador, y digo: Me va a meter el vibrador, pero me suelta y me pide: Méteme este vibrador a mí. Ay ¿tu nunca le has metido un vibrador a un hombre?...”

 

 

“Hacer un buen sexo oral tiene sus claves. La primera es saber respirar por la nariz, para evitar atragantarte. Otra es la posición, arrollidarte, o sentada en el borde de la cama, o en un 69, tentando al hombre para que te lo haga mientras lo haces. Y para que él sienta más, acariciarle el pipí de arriba abajo, con la mano pegada a la boca, acompañando los movimientos. Y succionar cuando echas la cabeza atrás, sin rozar con los dientes, que es de lo que más se quejas ellos cuando dicen que las mujeres no saben mamar”.

1 de noviembre de 2012
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