Por Oscar Trujillo Marín.
Virtud: “es aquella fuerza interior que le permite a una persona tomar y llevar a término las decisiones correctas en las situaciones más adversas para tornarlas a su favor” El virtuoso es el que está en camino de ser sabio, porque sabe cómo llegar a sus metas sin pisar las de los otros. Para cada herramienta racional que posee el ser humano: Intelecto, voluntad, emoción, existe una virtud correlativa, en el mismo orden: Sabiduría, valor, y autocontrol”. Al menos esto pensaba Platón. Y su maestro Sócrates añadió, que “la virtud nos permite tomar las mejores decisiones, y con ella podemos distinguir entre el vicio, el bien y el mal”. La definición de virtud es maravillosa, y habría que ser bastante necio para negar que ser virtuoso es un ideal muy noble…hasta cierto punto. El problema viene cuando intentamos llevarla a la práctica. Por desgracia no todo el mundo anda pensando lo mismo, y si no creamos mecanismos de defensa, podemos salir muy lastimados y nuestra virtud será tomada por candidez, estupidez, o inocencia supina. Intentaran aprovecharse de nosotros.
Si no fuera porque las tentaciones son tan, tan seductoras…, incluso deliciosas en muchas ocasiones, sería facilísimo ser virtuoso. Ya sabemos que en este mundo decir lo que se siente, intentar hablar siendo coherente con lo que pensamos, antes que ser una virtud, es sinónimo de problemas, de marginación social, en el mejor de los casos, incomprensión, y por desgracia muchas veces silenciamiento en forma de despido laboral, abandono fulminante por parte de nuestros amigos o pareja; o en casos más dramáticos la muerte. Nos hemos acostumbrado de tal manera a ocultar nuestras verdaderas intenciones, y pensamientos, que la hipocresía se reafirma como la única vaselina que permite las relaciones sociales. Sin la cual, corremos el riesgo de tener que auto aislarnos como anacoretas misántropos. Lo digo por experiencia...
Así está planteado este circo, y convivimos con un yo auténtico, interior, y un yo “comercial” externo que es el de mostrar, y el que dice las cosas que los demás quieren escuchar, conforme a la corrección política imperante.
Todos asumimos de alguna manera, que no está bien desear la pareja del prójimo. El problema es que “el prójimo” a menudo suele conseguirse unas parejas muy guapas, atractivas y sensuales. Y más aún, si ese prójimo es amigo de uno. Sin embargo, al menos que yo recuerde, no ha habido una sola novia, esposa o concubina de alguno de mis amigos, que fuera atractiva, y que yo no hubiese deseado en algún momento puntual. O no hubiera fantaseado con ella, y en casos más extremos…, no haya tenido “un desliz”, aunque sea muy pequeño. Eso se llama tentación, y es más común que la arena en el mar. Eso si, en este aspecto lo que casi todo el mundo hace, es tirar la piedra y esconder la mano.
No sé por qué mucha gente se enfada porque alguien desee a su pareja. O por que su novia o esposo le pueda gustar o parecer atractivo a otras personas. Digo yo, esa gente que es así, debería conseguirse entonces parejas bastante horrorosas, así no sufrirían tanto, ni amargarían a los demás. Pienso que es una pérdida de tiempo y energía. Yo en esa situación, me sentiría orgulloso, halagado de que alguien valorara mi buen gusto, y envidiara la suerte que tengo. Supongo que de la misma forma que me ha sucedido a mi, yo le habré gustado a una que otra mujer comprometida alguna vez. Sin embargo, ya sabemos que las mujeres son “santas” por naturaleza…, y muy pocas se lo van a admitir a su amado. El sólo hecho de pensarlo –para algunas- ya resulta casi que “pecaminoso” Puede que quede mal decirlo de cara a la gradería, pero es lo que he sentido y visto a mi alrededor. Si la esposa de fulanito, -mi amigo, compañero de trabajo o conocido- está buenísima, es absurdo pensar que uno no llegue a sentir tentación o deseo en algún momento. Más aún cuando se suelen compartir espacios o instantes en común, y muchas veces la atracción a pesar de los compromisos, es mutua. Obviamente eso se niega a muerte, aunque casi todos en mayor o menor medida, -así sea sólo de pensamiento-, lo hayan sentido alguna vez. Otra cosa, es que uno casi siempre haga de tripas corazón, y se aferre a “la virtud”, para evitar males mayores.
Por suerte la vida no es lineal, no es cuadriculada, no es una ciencia exacta. Si fuera así seria un asco de vida, y pereceríamos de físico tedio. A veces, aún a sabiendas que tales o cuales comportamientos son “inmorales” o poco virtuosos, sucumbimos a la tentación. Sin embargo, si nadie se entera, esas “caídas” se quedan en el “discreto yo-interior”. Mientras el “yo de mostrar”, pugna por evidenciar un carácter infalible que nunca nadie ha tenido, -ni tendrá- y en cambio si se preocupa por juzgar y condenar a los demás ante situaciones similares.
La mayoría de las personas sabemos de sobra que beber mucho, fumar, comer demasiado o usar drogas de manera compulsiva o cotidiana, o ver televisión realitys y porquerías de esas…, es nocivo para la salud. Pero la tentación es muy grande, y todos terminamos sucumbiendo en la intimidad. Unos en mayor medida, otros de forma más mesurada. Pero mantener el rigor, el control siempre y de manera sostenida, solo se logra de cara al público. Por dentro cada uno sabe sus debilidades.
Cuando Platón planteó esta lúcida definición de virtud, las fronteras que se trazaban entre el bien y el mal, eran tajantes, absolutas, indiscutibles. Hoy en dia el concepto de vicio, tanto como el de bueno y malo, ya adquiere una relatividad muy difícil de rebatir, a menos que acudamos a argumentos dogmáticos o axiológicos integristas. Ser malo o bueno, depende del prisma, la cultura, la sociedad, las costumbres o valores que dominen cada comunidad. Lo que “es malo” aquí en nuestra cultura judeocristiana occidental, probablemente no lo sea en oriente o viceversa. Lo que “es vicio” para un fanático religioso abstemio y ortodoxo, puede significar simplemente beberse unas cervezas cada fin de semana para un no creyente, acostarse con una persona que le gusta por el simple hecho de sentir placer y compañía, o comer carne de un animal que para algunos es pecaminoso, y para otros simplemente sabe bien. Nadie puede decir que el primero valga ética o moralmente más que el segundo, tan sólo porque nunca bebe, no come carne de cerdo, o no considera que la “fornicación” sea un pecado. Entre otras cosas porque cada sistema de creencias, o de no creencias, es tan respetable como otro.
Por suerte ya pasó la época (al menos en occidente) donde una sola y poderosa iglesia decidía que era lo bueno y que era lo malo, y el que no estaba de acuerdo, simplemente era condenado a la hoguera. Las cosas no siempre son sólo buenas o malas. A veces en una misma acción se pueden cruzar las más nobles intenciones con un resultado nefasto. O al contrario: de un hecho trágico, puede nacer un sentimiento noble, o una redención para otras personas. Pueden ser una amalgama de las dos, pueden tener matices, atenuantes, y tenemos que aprender a jugar con las opciones, y reconocer cuándo es conveniente transgredir las convenciones sociales, o por el contrario cuando debemos abstenernos.
El problema que hemos tenido con las sociedades con gran influencia religiosa en el estado, y con gran poder de alienación en la comunidad, es que han querido equiparar lo que ellos consideran pecado, elevándolo a la categoría de delito, de acción reprobable y socialmente castigada. Es decir, han impuesto su moral cristiana, (o judía, musulmana…la que sea) como si tuviera que ser imperativa y regir la intimidad y destino, incluso de los no creyentes, o los que profesen creencias distintas. Se llega al absurdo de que mucha gente que es perfectamente cívica, buenos ciudadanos, honestos, solidarios y útiles para la comunidad, llegan a sufrir y a padecer más (gracias a su “educación represiva”) por el simple hecho que han tenido una aventura sexual con alguien al margen de la pareja, o han sido sorprendidos fumando marihuana, o alguna nimiedad por el estilo. Y eso es condenado socialmente de manera desproporcionada, Causando infelicidad en un buen ser humano, más por el peso de la tradición, que porque haya menguado su calidad como persona. Mientras por ejemplo un narcotraficante que paga fianza, un paramilitar asesino reinsertado o un político corrupto pueden seguir su vida sin mayor vergüenza o escarnio. La mayoría de la gente tolera más los delitos realmente cruentos o que le causan verdadero daño a la sociedad, que las faltas al catecismo o a su moral religiosa.
Hoy reivindico la tentación, como un aliciente necesario para que la vida adquiera un poco de contrastes, emoción o sentido. Salvo el abuso, que puede convertirnos en esclavos de nuestras pasiones, la utilización de la fuerza, o el aprovechamiento de personas débiles o menores; creo que cualquier cosa que un individuo decida hacer para si mismo, sin poner en riesgo a nadie más, para procurarse un poco de tranquilidad o placer (beber, comer chocolatinas, fumar, tener un amante, consumir ansiolíticos recetados o drogas sin receta, etc.) aunque contraríe las posturas de la mayoría, si no le condiciona la vida para mal…, es válido y respetable. De la misma forma lo que una pareja de novios, amantes o desconocidos concierten, bajo mutuo consentimiento, sin ningún tipo de coacción, para el ejercicio de su intimidad, está dentro de la naturaleza humana. No es motivo de sorna o condena, es simplemente una posibilidad más. Supongo que sus razones y motivaciones tendrán para transgredir la noción de lo que es correcto o no. El freno para la tentación, o su laxitud, cada uno lo encontrará según su experiencia y necesidades. Ya hay bastante juez gratuito por ahí suelto, como para negar que en este mundo, cada uno se procure alicientes para vivir de la forma que buenamente puede.
No se ustedes, pero yo algunas veces he sentido tentación (y en algunas ocasiones he llegado a consumarlo) de: copiar en un examen, modificar mis datos de ingresos para pagar un poco menos de impuestos, intentar “convencer” a un policia de tránsito para que no me ponga una multa costosa. A veces muy desesperado se me ha pasado por la cabeza atracar un banco, o seducir a una anciana viuda archimillonaria. O beber entre semana aunque sea dos copas, siendo consciente que al otro dia debo trabajar, por no poder esperar hasta el viernes. O comer más de la cuenta por el simple hecho de que el plato estaba delicioso. O tener una aventura con una mujer, aunque yo tenga una relación estable en ese momento. No sé, de tentaciones está lleno el mundo, y no siempre son vergonzosas, ni son tan exclusivas. Más bien la gente cree que porque no las reconoce en público, por ese simple hecho, nunca han existido.
No es esto una apología al delito, al hedonismo radical (que es igual o peor de esclavizante que la represión) Y que tampoco me parece la solución. Es más bien una invitación a ser conscientes que en la vida hay que aprender a reconocer la virtud y perseguirla, pero que también hay que saber cuándo nos podemos alejar de ella aunque sea un poco. Tan importante es ser benevolente, como saber tener mal carácter, mala leche cuando la situación lo requiere. Ante la pregunta de si usted está en contra del asesinato, todos decimos automáticamente si. Pero si estamos en una situación dramática que es nuestra vida contra la de nuestro agresor, o un ser querido está en peligro inminente de muerte, supongo que somos perfectamente capaces de matar. Mucha gente condena la infidelidad de forma furibunda de cara a su pareja y en conversaciones en familia, aunque en el fondo sepan que tienen episodios secretos (en su “yo profundo”) parecidos, y que tan solo han tenido la suerte de no haber sido descubiertos. Hay que tener doble moral y una falsa creencia de lo que es la virtud, amén de ser muy hipócrita para reaccionar así. Sin embargo es lo común. La excepción es que lo reconozcas, que digas la verdad en su momento, con lo cual… muy probablemente seas igual o peor de repudiado.
¿Dónde está el equilibrio entonces?
Sin llegar al extremo de Sofia la protagonista de “los infortunios de la virtud” del Marques de Sade, una muchacha que por más que quería actuar conforme a su rígida educación religiosa y de acuerdo con la más escrupulosa virtud, lo único que conseguía era que todo el mundo se aprovechara de ella, abusara, y cada vez cayera más abajo, y su recompensa por mantenerse firme solo era más dolor y tragedias…Y esto sucedía porque ella quería ser muy buena y correcta, dentro de una humanidad hostil donde cada uno lucha por sus intereses. El bien y el mal coexisten en la gente de manera inevitable. Sin llegar a esos extremos, creo que es bueno saber leer las situaciones y tener cierta mano izquierda, algo de flexibilidad con lo que juzgamos y en lo que creemos. Pero también saber atacar o contestar en el momento justo una ofensa vil o abusiva.
Hay muchas cosas que nunca pensamos vivir y que un dia nos pueden pasar. Nos pueden sorprender aficiones, fijaciones o conductas que antes reprobábamos, pero que una vez vividas, nos damos cuenta que no eran tan abyectas como pensábamos.
La tentación no es una maldición, ni un demonio con forma de serpiente o curvas de mujer. Es otra emoción más al acecho: como el miedo, el placer, la angustia. Que flota en el ambiente, que podemos tomar de vez en cuando, y podemos evadir cuando sea pertinente y oportuno. O simplemente nos empiece a causar problemas o malestar. No perdemos todo nuestro valor como seres humanos por haber cedido ante ella, ni somos más que nadie por el hecho de que voluntariamente hayamos elegido una vida asceta o de renuncia a cualquier placer. Si ser asceta, célibe y penitente fuera garantía de ser buen ser humano, todos los rabinos, mulás, obispos, curas y jerarcas de las iglesias tendrían ganada la eternidad. Sin embargo a menudo se descubren corrupciones, traiciones a su dogma, doble moral, hijos ocultos de curas que han jurado “amar sólo al señor” escándalos económicos, avaricia, o de pedofilia y demás bajas pasiones humanas que se encuentran de la misma manera entre los “no virtuosos”
No se puede estar en este mundo donde sólo los más fuertes sobreviven, sin conocer las dos caras de la moneda, sin perderle el miedo a la trasgresión. Es imposible ser ciento por ciento virtuoso en esta vida, “ser un alma de Dios” cuando afuera cada uno intenta defender de manera violenta su verdad, y hay tanta gente que cree exactamente lo contrario: que el fin, justifica los medios.
Así como es importante aprender a perseguir, practicar y reconocer las buenas acciones, es necesario crear mecanismos de reconocimiento que nos permitan ser parte de la justicia implacable que gobierna la naturaleza, saber defendernos y cruzar la línea de vez en cuando. A veces cederemos a la tentación, y seguro que otras rozaremos la virtud. Pero mantenerse sólo en uno de los dos extremos es nefasto para sobrevivir con garantías en este mundo.
“Ni tanto que queme al santo, ni tan poquito que no lo alumbre”
Bueno, como siempre a propósito del tema dos cancioncitas: Una con la voz rota, desgarrada y el estilo original e inconfundible de mi admirado Tom Waits “temptation”
Y la otra cara de la moneda, “Lucha de gigantes” del recientemente desaparecido Antonio Vega, que murió esta semana de lo que eufemísticamente se denomina cáncer de pulmón, entre quienes han llevado toda una vida enganchados a la heroína compartiendo jeringas etc. Antonio no supo, no pudo parar. Esta versión es del año 2001, cuando aún estaba medio bien....Muchos de su generación se apartaron a tiempo, pero el apostó por la autodestrucción. Sin embargo esto no le quita un ápice de valía a su calidad humana o artística. Su sensibilidad era capaz de crear canciones tan intimistas, incluso angustiosas y bellas como esta. Antonio, no era bueno ni malo. Era un virtuoso de la música nada más. Las tentaciones que lo consumieron no nos incumben.

Publicado el 14/05/2009 - 10:44 pm

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Mi nombre como cosa curiosa y algo "paranormal" es el mismo que el de mi pseudónimo. Soy Oscar E. trujillo, tengo 37 años, he permanecido huyendo sin saber por qué desde hace mucho tiempo. Vivo fuera. Soy miope astigmático alto y flaco. Soy lector terminal, voyeur irredento y curioso vocacional. Estudié derecho pero abandoné por exceso de escrúpulos, por carecer de vocación de mártir, y por náuseas en la conciencia. Estudié Filología aún a sabiendas de que el pan me lo tendría que ganar de cualquier otra forma lejos de la gramática generativa de Chomsky, como en efecto ha sucedido. Estoy convencido que el origen de todos nuestros males es la falta de educación, la ignorancia, el exceso de credulidad, de superstición y por consiguiente la ausencia de pensamiento crítico. Y esa es mi lucha. Sé que soy muy ingenuo al pensar que esto puede cambiar, pero prefiero hacerlo, y de paso tener una ilusión, además de utilizarla al menos como muleta existencial.
Siempre desde una óptica muy crítica, pero sin renunciar a la sátira, la ironía y el humor absurdo, intentaré abordar sin ningún rigor científico, ni apelando a revelaciones divínas, ni ideologías sectarias temas tales como: Identidades subvertidas en conflicto, roles en crísis, analfabetismo sentimental, vacios emocionales mal disimulados con éxito profesional y hedonismo de látex, amores "eternos" que sucumben ante el mismo umbral de la certeza, celos travestidos, envidías encriptadas, polvos por obligación contractual, cópulas por aburrimiento y demás historias mínimas, pequeños dramas cotidianos de gente anónima que son los que condicionan nuestras vidas. Eso si, sin dejar de hacer guiños al cine, la literatura y la filosofía. No me comprometo a arreglarle la vida a nadie porque ya bastantes lios tengo con la mia. Espero que entre todos (as) intentemos aprender a cuestionarnos acerca de la realidad que se nos ofrece, en procura de construir una más justa y racional
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