Si alguna vez los superhéroes han volado alto es ahora, cuando en ventas con una diferencia de tres días un cómic de Superman y otro de Batman alcanzaron y pasaron la barrera del millón de dólares.
Primero fue el número uno de Action Comics, en el que aparece por primera vez el héroe de Krypton, que llegó de un salto al millón de dólares, en una venta realizada por ComicConnect.com.
Luego, en una 'batijugada' magistral, la casa Heritage Auction Galleries (de Dallas, E.U.) logró que el 'Hombre murciélago' escalara al tope de los precios, al vender el primer ejemplar de 'Detective Comics', donde aparece por primera vez, en 1'075.500 dólares.
Para tener una idea, esas dos revistas editadas en 1938 y 1939, respectivamente, costaron un poco más que los 2 millones 32 mil dólares que significó la pintura más cara del artista Fernando Botero, 'Los músicos', subastada en el 2006, que fue un año sin crisis económica.
Negocio en ascenso
Las cifras alcanzadas pueden parecer escandalosas, pero para los especialistas son el resultado lógico de una industria con décadas de cultivar fanáticos. Una que, repudiada en los años 50 y 60, se potenció en los 70 y hoy se asocia con las grandes productoras de Hollywood en películas y aporta millones de ganancias en juguetes, figuras de colección, camisetas y otros recuerdos.
Pero ¿cómo llegan dos revistas que costaron 10 centavos de dólar a valer 70 años después más de un millón? Para Ben Smith, Cum Laude de la Universidad Georgetown y vicepresidente de ComicConnect, la empresa que vendió el número uno de
Superman, hay varias razones. "'Action Comics de junio de 1938 trae la primera aparición de Superman. Antes no había ningún superhéroe. Luego salieron la Mujer Maravilla, Batman, Linterna Verde, los Cuatro Fantásticos, pero Superman definió lo que sería un superhéroe. De esta manera, esta revista se volvió muy cara.
Se estima que hay 100 copias de este número todavía, pero la que vendimos estaba en una condición excelente. Fue calificada con ocho puntos sobre diez en nivel de conservación. Lucía prácticamente nueva, linda", dijo a EL TIEMPO.
Pero pagar un millón de 'verdes' por una revista que, probablemente, no se leerá (una arruga en una hoja puede significar miles en perdidas) solo se justificaría por una inversión. Para Smith, los cómics son un buen ramo para invertir, más en épocas en las que las acciones sufren taquicardia y la propiedad raíz se tambalea.
"Algunos ponen su dinero en propiedades o en oro y otros invierten en cómics porque es un producto en el que su dinero está seguro. Es un buen producto para invertir. Puede no tener la misma liquidez de otros mercados en el sentido de vender y comprar, pero hay una gran cantidad de gente que compra cómics y tiene dinero. Entonces, la gente comprará un cómic con la idea de que diez años después pueda obtener más dinero", dice el vicepresidente de ComicConect.
Jeff Vaughn, editor asociado de Geppi's Entertainment, familia de compañías dedicada a la comercialización de artículos 'vintage' de la cultura 'pop', entre ellos cómics, revistas, libros, juguetes y juegos, está de acuerdo en que el mercado es bueno. "Sí hay inversionistas -no demasiados- pero, con el crecimiento de los precios en los últimos años, ha empezado a llegar gente que busca invertir en cómics de la misma manera que lo hacen con obras de arte. Claro, el crecimiento no es igual en todo y la mayor parte no es tan grande (como con las marcas de Batman y
Superman) pero hay una tremenda estabilidad y es buena inversión para la gente".
No todo lo que se lee es oro
Pero un superhéroe solo no forma un mercado y para alcanzar estas cifras altas tiene que haber mucho movimiento, el cual existe porque la gente ama los comics y porque hace años entendieron que podría haber un buen negocio ahí.
"En Estados Unidos, la generación actual creció con los personajes de los cómics. Personajes como
Supermán tienen un gran significado para millones y millones de personas. Es un icono y creo que es solo una razón para ver tanto dinero que va a parar en el mercado del cómic", opina Smith.
Pero para que haya un gran negocio, por lo menos por ahora, la revista tiene que ser en inglés y publicada antes de 1970, cuando leer cómics en E.U. no era bien visto, según explica este especialista: "En los 70, las personas empezaron a escuchar historias de las cartas coleccionables de béisbol de Mickey Mantle, que costaban mucho dinero, y se preguntó cuanto dinero podría obtener por los cómics de los años 40. 'Ahora deben valer mucho más', se dijeron y empezaron a coleccionar".
Para ese entonces ya había pocas revistas 'vintage' en buen estado (de la década del 30 hasta los 70) entre otras cosas porque, en los años 50 se desató una persecución pública contra los cómics. "Un siquiatra llamado Fredric Wertham, escribió el libro 'Seducción de la inocencia' y en él advertía que las enfermedades sociales como el crimen, robos, violaciones y asesinatos eran causados por los cómics", explica entre risas Smith. Por ser mal visto leerlos, la gente limitó la compra de cómic y no los guardó, y por ese motivo las revistas de Supermán y Batman son tan escasas.
Quienes empezaron a coleccionar en los 70 empujaron la industria del cómic porque se vendieron miles de copias de historietas. Pero hay una ironía: "Diez años después, muchos quisieron venderlas, pero no estaba el mercado porque había millones de personas tratando de vender la misma revista y, probablemente, no había la misma gente tratando de comprarla", cuenta el especialista en cómic.
El negocio se estabiliza
Si bien el mercado es variable, el monto de las transacciones no es para ignorar. "No hay un precio promedio para un cómic 'vintage', porque hay muchos detalles para tener en cuenta -dice Vaughn-. Unos tienen muchas copias, lo que hace bajar el precio, pero hay personajes que son muy queridos por la gente y eso hace que suba. Algo típico es la primera aparición del personaje: eso hace que le precio ascienda. Hay revistas de los 50 y 60 que son más caras que las de los 40. Depende de si el personaje es popular, si hay copias disponibles y si los coleccionistas quieren un determinado número o no".
Los dos están de acuerdo en que sí hay mucha gente buscando revistas raras y que, de hallarlas, van a pagar por ellas. En cuanto a si se romperá la marca que tiene el número uno de 'Detective cómics', las opiniones están divididas.
"Creo que los precios se incrementarán porque es posible que gente que compró hace unos 15 años quiera hacer algún dinero -dice Smith, al referirse a revistas 'vintage'-. Desde que se vendió
Supermán, muchos han hablado con nosotros para vender. También hay un gran interés de inversionistas que buscan la próxima primera copia de Batman y Supermán y que pueden pagar por ellas. Nos han dicho que los ayudemos a encontrarlas y nosotros tenemos todo un mundo para eso, porque tenemos 25 años de relacionarnos con coleccionistas. Espero que ese récord se pueda superar en un futuro muy cercano".
Vaughn piensa distinto: "La única manera de que ser rompa pronto el récord actual es que los mismos cómics, pero con mejores copias, estén disponibles. Creo que hay solo cuatro o cinco copias en el rango de un millón de dólares. Pienso que el récord estará seguro por un buen tiempo".
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Coleccionar en Colombia
El problema de los coleccionistas en Colombia, si se quiere ver como inversión de dinero, es que el mercado en idiomas distintos al español no existe, si bien Jeff Vaughn, especialista de de Geppi's Entertainment, dice que en el futuro, debido a la posibilidad de Internet de comunicar a coleccionistas, habrá un mercado interesante para cómics de superhéroes de Estados Unidos en otros idiomas.
Según dice Carolina Gómez, de la Librería Francesa, de Bogotá, repleta de superhéroes de E.U., mangas japoneses y hasta cómics europeos, uno de los problemas de los fanáticos es que a Colombia no llegan los primeros números de las revistas.
"Algunos importadores traen los sobrantes de México, por ejemplo". Otro problema es que coleccionar resulta caro. "Mientras en Estados Unidos una revista cuesta tres dólares, en Colombia puede costar veinte mil pesos porque para efectos de impuestos, el Estado puso a los cómics en el mismo rango de las revistas pornográficas, por lo que pagan 16 por ciento de IVA", dice Carolina.
Según considera, el Estado pierde una oportunidad de fomentar la lectura entre la gente. "Muchas personas aprenden a leer con los cómics. A la librería llegan de los colegios bilingües a averiguar por revistas de estas para aprender inglés, por ejemplo. Además, cuando lees un cómic utilizas distintas funciones del cerebro: una para entender el texto y otra para entender las imágenes. Todo esto estimula la lectura", sostiene.
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