Como jefe de cirugía cardiovascular del hospital San Ignacio, de la Universidad Javeriana, Juan Rafael Correa sabe qué se siente al conectar un corazón al sistema circulatorio de alguien.
Esa sensación -dice- es la misma que siente cuando enfrenta un papel en blanco, en un pequeño estudio de artista que alquiló a unas cuadras del quirófano.
"El momento en que uno ve que el corazón arranca a latir nuevamente es igual de intenso a lo que siento cuando empiezo a dibujar en el papel. Las dos cosas son un arranque", dice sin dudar.
Aunque ha dibujado por años, seguro son más las operaciones en las que ha participado que los cuadros que ha hecho, pero parece dispuesto a acortar la diferencia. Por eso se decidió a exponer once de sus obras en Authors Bookstore Café, de Bogotá.
Su decisión de ser artista va con todo. Hace cuatro años hizo algo muy poco común para quien ha ganado su prestigio en el mundo de la medicina: se matriculó en la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana.
De eminencia a estudiante
En Artes no lo saludan "buenos días, doctor", como en los pasillos de la clínica, ni lo miran como si tuviera el poder de mantener en este mundo a quienes parecen candidatos para abandonarlo.
"En artes me dicen Juan y mis compañeros tienen la edad de mis alumnos de medicina y de mi hija. Al principio, estar ahí era intimidante. Me sentía un poco como pez fuera del agua, pero todos llevamos un niño dentro", dice. Ese niño le solucionó el problema. Ahora Juan, el pintor, comparte el tiempo con el 'Dr. Correa', el cardiólogo, para expresar esa vocación que se alojó en él desde que, cuando era chico, vio pintar a su madre. La misma que de estudiante de medicina se le salía en algunas clases.
"En mis cuadernos de clase dibujaba lo que veía en el microscopio", comenta. Por eso, nada raro que quien mira los cuadros abstractos de su exposición 'Orígenes', en los que hay azules, rojos y amarillos, en medio de trazos negros, se pueda imaginar seres microscópicos.
"Me gusta la abstracción. Por lo menos conscientemente, no deseo pintar nada relacionado con la medicina. Prefiero los símbolos y signos" , aclara.
Rayones negros fuertes, manchones, palabras en los cuadros. Su trazo parece decidido a mostrar que su mano no solo fue hecha para soportar corazones. "Siempre he estado al tanto del arte contemporáneo. Me gustan la pintura y el dibujo porque puedo estar cerca del proceso. No dependo de lo que otros hagan", dice.
La academia le ha dado otros frutos. Aunque no le gusta mucho la escultura, hace poco hizo una con hierro y concreto que perfectamente podría mostrar una habilidad escondida.
Consecuente con su corazón, Juan está dedicado a vivir su aventura. Ahora no es tan 'bicho raro' en la Facultad de Artes, aunque algunas veces los encargados le abran la puerta del salón y le digan, "siga, profesor". Ya los compañeros lo invitan a fiestas: "Me dicen que que vaya con mi hija de 19 años" .
Él se ríe como quien sabe que ser artista luego de ser médico, no es un riesgo para su prestigio, pues tras años de ejercicio clínico, no se cree que sea salvador de nadie. "Tampoco me creo el cuento de que soy artista. No me creo esa pose", Eso sí, sin duda, cree en su obra.
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