3 de marzo de 2009 - Exposición

Un debut frustrado

Al artista Julián Pedraza le cancelaron su primera exposición en el Club del Comercio de Bucaramanga.

"Debut devoto". Ese iba a ser el título de la primera exposición de Julián Pedraza, un santandereano de 26 años graduado de Artes Plásticas en la Universidad del Bosque. Recién llegado de Roma, donde adelanta estudios de Escenografía, Julián ofreció veinte de sus cuadros para ser expuestos en el Club del Comercio de Bucaramanga.

La muestra ya tenía fecha establecida: estaría abierta del 24 de febrero al 4 de marzo. Pero, seis días antes de su inicio, Julián recibió una llamada del club en la que le anunciaban que la exposición estaba cancelada. "Dijeron que habían mostrado mis pinturas a la junta directiva y que les habían parecido ofensivas, que herían susceptibilidades políticas", afirma el artista.

Desde sus años de formación, Julián se alejó de posibles paisajes bucólicos o floreros sobre una mesa y optó por un arte de contenido político y religioso, que tiene que ver con el aquí y ahora de la sociedad colombiana. "A estas alturas de la vida -dice-, creo que el artista debe hablar fuerte sobre lo que está pasando, tratar temas que conmuevan, que duelan. No estoy de acuerdo con los que pintan para ellos y no comunican ni siquiera por medio de los títulos de sus obras".

Con  influencia de artistas como la colombiana Beatriz González -"me gustan mucho la técnica y los conceptos que ella maneja", acepta-, el santandereano se inspira en noticias de prensa y vincula en su pintura a personajes de la vida nacional. Así, produjo obras como 'Levantamiento', basada en una foto publicada por Vanguardia Liberal tras una toma guerrillera; o la serie de cuadros en los que aparece la cabeza del presidente Álvaro Uribe en diferentes contextos. Uno de ellos es su versión de la clásica Salomé, en la que se ve una mujer (la senadora Piedad Córdoba) con la cabeza del primer mandatario servida en una bandeja.

Muchos artistas clásicos y contemporáneos han hecho su interpretación personal de Salomé; yo quise hacer la mía. No sé bien cómo explicar este cuadro en palabras: es como darle poder a quien no lo tiene y quitárselo a quien lo tiene".

En el catálogo de la frustrada exposición (por cierto, las continuas llamadas que se hicieron a la gerencia del Club del Comercio de Bucaramanga para que dieran su opinión no fueron atendidas), el colombiano Gustavo Gómez Mejía, profesor de La Sorbona, dice sobre Pedraza: "Su gesto consiste en jugar con el placer transgresivo y expresivo de yuxtaponer imágenes contradictorias, configurar posiciones ambiguas de poder y burlar la autocensura con resultados que varían. Mezcla discursos que a menudo no se mezclan y asesta -no sin gracia y ligereza- golpes sofisticados donde nuestra idiosincrasia no los espera".

Julián se devuelve a Roma el próximo 3 de marzo desilusionado por no haber podido mostrar sus cuadros ante el público al que están dirigidos. Reconoce que sus obras no van a entenderse de la misma manera en un contexto distinto al colombiano. "Me voy con la tristeza de que me censuraron", concluye.

Lo cierto es que sus pinturas -en las que también rondan personajes como el Papa Benedicto XVI o Pablo Escobar- deberían poder ser vistas por muchos ojos. Sobre todo en estos tiempos, cuando las voces disonantes parecen quedarse sin espacio.

Por María Paulina Ortiz
Para EL TIEMPO