El caleño sigue enseñando que el arte es posible hallarlo en un estante con mugre, en un zócalo descascarado o en una mesa adosada a la pared. "Uno abre cosas para que la gente vea", dice
La galerista Catalina Casas mira un armario de madera viejo, inclinado en medio de la sala de exposiciones y cubierto por una capa de polvo, casi una costra, acumulado durante décadas. Entonces le pregunta al artista Danilo Dueñas, responsable de esa obra de arte:
-En términos de conservación... ¿qué hacemos con el mugre?
- Hay que guardarlo así, porque así me lo mandaron -, responde el artista, con naturalidad.
La capa de mugre es otro valor estético en el trabajo de este colombiano, que ronda los 50 años, y cuyas propuestas e ideas hacen parte de colecciones tan prestigiosas como la Cisneros (literalmente, le vendió una idea, que consistía en pegar cintas en una pared, no la obra en sí).
Para él, poner un juego de lámparas de techo en el piso, quitar los zócalos y dejarlos expuestos, y abrir un roto en la pared, como lo ha hecho en la galería Casas Riegner, de Bogotá, para su exposición actual ('Un vuelo') son posibilidades estéticas que le ofrece el lugar.
¿Destruyó la galería? No tanto, pero sí le 'puso al revés' parte del primer piso, pues en otro salón dejó a la vista los pedestales y paneles de diverso tamaño que acostumbran usar para exponer cuadros y esculturas.
Con ellos hizo una instalación blanca con marcas por el uso, rayones y huellas de dedos. Luego la rodeó con una cinta para que no la muevan. "Parece una especie de iceberg cuando se desmorona", comenta el artista.
No es mugre, es arte
En el segundo piso están colgadas alrededor de 15 pinturas. No son las típicas sobre lienzo o papel sino trozos de madera que encuentra y dispone teniendo en cuenta la composición, como lo hace desde tiempo atrás.
Para él es importante mostrar su obra como otras facetas de objetos que han sido parte de lo cotidiano.
"Uno abre las cosas para que la gente vea", dice, mientras señala el zócalo y muestra el paralelismo de las puntillas y las líneas que forman los listones de madera con que está hecho el guardaescobas.
"En el armario se ven retículas (señala los espacios donde hay vidrios) y luego, cuando uno ve la llanta (junto al mueble), se conjuga el mundo del rectángulo con el del círculo...", explica.
Así que donde el común de los mortales ve un mueble viejo, Dueñas ve líneas, luces que lo atraviesan y sombras que crean figuras; donde otro aprecia una tabla mal pintada, él descubre los "dibujos" que una brocha hizo.
Uno se pregunta si, incluso con esa apariencia de señor buena gente y ordenando, 'se la fumaría verde'. "Usted no me va a creer, pero ni cuando tenía el pelo largo fumé marihuana. No la he probado en mi vida", dice, mientras sonríe un poco y agrega:
"En todo hay dibujo, hay formas de hacer arte que fueron inventadas por Rafael (en el Renacimiento) y se han repetido en Picasso y todos los artistas".
Por eso, en su obra no funciona el azar sino la experimentación que toma como base la historia del arte.
Así parezca lo contrario, cuando, consecuente con la idea de que el arte hace parte del mundo y que solo basta mirar de otra manera, llega a montar sus exposiciones sin nada bajo el brazo.
"Me bajé del bus y vine a exponer en Casas Riegner. Por eso usé muchos elementos de aquí", dice como si nada. Los galeristas se quedan lívidos cuando lo ven aparecer sin obra: "Llega sin nada y a uno le da un 'yeyo'", dice Casas, que -quien lo creyera- ahora respira aliviada cuando ve su juego de iluminación de techo puesto en el piso, los zócalos a la vista y la pared rota.
"Nos acostumbraron a ver el mundo y las cosas en función de algo, por eso no vemos lo demás", comenta Dueñas, que recogiendo aquí, pintando allá y desbaratando lo que se supone tiene una función clara, propone otra forma de ver el mundo.
"Usted ve ese balde (señala uno con agua de trapeador) y ve una forma, unas burbujas, el agua se ve a través del plástico, que tiene muchas líneas (por el uso). Ese balde tiene una total relación con lo que hay en el Louvre, pero es nuevo", explica.
Con Dueñas pasa algo curioso, por muy rápido que hable -es bastante veloz a ratos-: da la impresión de que por lo menos la mitad de lo que piensa no alcanza a salir a tiempo. Comprensible si se tiene en cuenta que para casi todos un balde es un 'cubo ' de agua.
"Para mí, un balde es una entidad estética. Me refiero a que la estética se nota cuando sientes que en un objeto hay algo, pero no sabes qué. No es el artista el que sabe, es la obra la que sabe. Por eso, en lo que hago no hay razón ni intuición, pues para mí el arte es una experiencia de lo físico. La creatividad tiene que ver con la existencia. Uno no puede decir que no hace una obra porque el galerista no lo deja o no se vende".
Inamovible en ese criterio, se siente más un instrumento que un creador. Alguien que muestra. Por eso, finalmente dice: "El mundo te regala todo. Uno verá si lo goza o no, pero yo creo que hay que compartir esto".
Galería Casas Riegner. Calle 70A No. 7-41. Teléfono 249 91 94
DIEGO GUERRERO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
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